viernes, 9 de enero de 2009

Hasta los mochilones estoy del Paris-Dakar de Argentina


No son muchas las ocasiones que he tenido en los últimos setenta y nueve años para explayarme tan a gusto como lo hice el otro día mientras miraba por la barandilla de la playa el amor apasionado de las putas gaviotas, que sin recato alguno y en pelota picada no hacian más que hacerse carantoñas mientras se me atragantaba el bocata chipirones que me habia comprado en un jodido bar de Gijón, a donde habia ido para lanzar la cometa aprovechando un viaje gratis y el viento que los pronósticos de Radio Calahorra decían que iba a haber.
Ni viento ni madre que lo parió. Allí estaba yo como un gilipollas mirando la playa que estaba hecha una mierda y desesperao porque la jodida cometa se habia agarrado a una farola de diseño y me la habia partido en catorce trozos por lo menos. La verdad es que en mi desesperación estaba dispuesto a todo, hasta comprarme una moto para largarme al Paris-Dakar ese de Argentina, que me habian dicho en Carabanchel que necesitaban refuerzos porque ni dios iba a acercarse por aquellas lejanías, donde si se te pincha una rueda te la arreglan con pegamento imedio, y yo por ahi si que no paso. No lo pensé dos veces.
Como tenía 34, 26 euros en la cartilla me arriesgué a comprarme la moto, que el tipo de la tienda no me quería vender hasta que le convencí que mi horóscopo me habia dicho que iba a quedar el catorce del Paris-Dakar y que con lo que ganara vendiendo rosquillas en la Patagonia, que no tienen ni puta idea de rosquillas de orégano, me iba a forrar. El tio me creyó, me vendió la moto a cuenta, le puso un pañito en el depósito de la gasofa pa que el motor no se gripara y de puta madre.
Tardé dos meses en llegar con la moto a Buenos Aires, que estaba lejos de cojones y además no tenía relojes en ningun sitio. Pero eso a mi me la suda. En cuanto llego a un sitio que no tiene relojes, me compro dos guantes para la moto y de puta madre.
Cuando llegué al sitio que tenia que llegar habia por lo menos 567.854 gilipollas apuntándose a las carreras, la mayor parte de ellos con unas motos de mierda, por lo que limpié la cadena y los bajos de la mia dispuesto a quedar por lo menos el 346 y pasarle al de Gijón el diploma por los morros. Pero, joder, qué buena suerte la mía, que siempre me persigue, acecha y acosa cuando canta la calandria y el somormujo se debate entre el ser y el que será, será, como la Doris Day en el hombre que sabia demasiado. Soy un tio con suerte y eso mis amantes nunca lo han reconocido, quizá porque soy mejor amante de lo que ellas hayan esperado nunca.
A los tres dias me encontré con uno de Argamasilla de Alba, de poco más de metro y medio de estatura, que se habia comprado otra moto amarilla en Gijón e hicimos una amistad de la hostia. Tras zamparnos dos lechugas con alcaparras, diseñamos un negocio verdaderamente austral y de auténtica alianza de civilizaciones. El pone la pasta y yo el tenedor y el cuchillo cachicuerno ue me he llevado para trinchar el cordero patagónico. Como veíamos que ibamos a ganar de calle el Paris-Dakar de los cojones y nosotros tenemos muy buen corazón, no hemos querido acojonar a la concurrencia, y nos hemos montao un sitio pa comer fabada y cochinillo que está haciendo furor, porque a mi la fabada y las orejas del cochinillo en su jugo se me dan de puta madre.
¿Que de dónde saco las fabes y el compango, on morcilla de Calatorao y tocino de Bollullos de la Mitación? Pues muy fácil, tíos. Mi socio de Argamasillo y yo hemos montao un puente aéreo entre Argamasilla, Gijón y la Patagonia para importar la masa crítica de la fabada y nos estamos haciendo de oro. Todavía no he pagado la moto ni falta que hace, pero me he comprao una chupa de cuero para bailar salsa tanguera por las noches que me ha convertido en la atracción sexuá de la Patagonia y alrededores.De cochinillos no queremos saber nada. Por estas tierras no les saben pelar como es debido y eso a mi me recuerda a mi abuela de Madrigal de las Altas Torres y lo paso jodido de verdad. Mientras tanto, y sin amantes, nos limitamos a contar estrellas y carabancheles. De puta madre, ¿no?

5 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Ahora, yo quiero saber una cosa ¿por qué se llama el Paris-Dakar si tiene lugar en Argentina???? No sería más correcto ¿Paris-Patagonia? Pero, ¿cómo atraviesan el océano Atlantico en moto/coches tuneados? Me pregunto... Seguro que ústed, mi querido Don Segismundo, una vez que haya hecho la digestión de esa fabada alucinógena que se ha echado entre pecho y espalda como un ¡verdadero machote! me lo podrá contestar. Beso sus pies (que espero no huelan...), M.

Merche Pallarés dijo...

Ah, y gracias por el tamaño de la letra que me viene de perlas a mi ya desgastada vista... Beso sus pies de nuevo, M.

Miguel Ángel dijo...

Mire vuesa merced, mi señor don Segismundo de Valonsadero y Medinaceli, a mí no me hable de motos; cogí una sola en mi vida, era verano, la moto no era ni moto, que era una simple 49 cc., y cogí tal frío que todavía me dura la tos…
Y en cuanto al París-Patagonia, le digo a usted que están muy bien las fabes, pero que más de uno se habría contentado con duelos y quebrantos… Yo, mañana sábado, me despacharé con un simple cocido.

Pague usted esta moto mercada con tan malas artes, que puede venir luego el del frac y le va a sacar los colores ante sus vecinos.

Y gracias por la visita a esta venta que es mi blog, y a la prenda de comentario que me ha colocado. No le voy ni a pasar el polvo, para que no se me deteriore.

alfonso dijo...

pisha, porque no montas una franquicia y empiezas a venderle a los marsupiales unos arrocitos con gambas(si son congeladas no se van a enterar) y asi terminas de forrarte...
ale, que te siga funcionando el negocio

BIPOLAR dijo...

Desde luego quedan claras varias cosas:

-1º Lo que me suponía, un auténtico carcamal, ¿quién sino, me propondría en matrimonio?

-2º Ya sé por qué me quedé plantada en de la mano del gemelo de Paco Clavel, esperando la bendición y toda vestida de negro.

-3º ¿Quién ganó la competición?

-4º El estilo en la redacción es diferente.

-5º Sigo sin saber por qué vengo, pero me río un rato.